ZAPEROCO, LA RUMBA DEL NORTE DE CALI

ZAPEROCO, LA RUMBA DEL NORTE DE CALI.

POR: UMBERTO VALVERDE

Para Johanna y Mauricio.

Zaperoco es el refugio de la salsa en el norte de Cali donde no hay espacio ni para el merengue ni para el vallenato. Salsa brava desde Richie Ray, pasando por Eddie Palmieri, la Fania, hasta Van Van, la banda preferida de Osman, el D. J., que viene de la época de la Taberna Latina de Gary Domínguez.  Salsa para una generación que no la conoció en su esplendor o para los turistas nacionales o extranjeros que desean pasar un rato en un sitio de la salsa brava de Cali. Le hace falta más pachanga, el ritmo eterno de la ciudad.

Zaperoco empezó hace quince años. Es contemporáneo del periódico La Palabra, que yo fundé. Era una taberna pequeña, donde Memo, uno de sus fundadores, era el líder de un grupo rumbero y bohemio. Eran los tiempos cuando era visitado por las niñas lindas de Incolballet. Ahí nació Magenta, el primer grupo de latin jazz femenino de nuestra ciudad. También era frecuentado por los estudiantes de música de Bellas Artes, entre ellos Francisco Dávila, un gran jazzista colombiano hoy en día. Y por las integrantes de las orquestas femeninas. Diana Vargas dejó memoria de su cuerpo maravilloso en los finales de los noventa.

Zaperoco nació en la convicción de la salsa dura. Aunque cambió sus propietarios, de temas musicales y de público, mantiene la idea de un espacio libre para el baile, de un encuentro para conversar y cantar, y, sobre todo de llevar instrumentos musicales para hacer demostración de las habilidades de cada quien.

El problema para los aficionados es que se puede encontrar con músicos profesionales de cualquier orquesta de Cali, como Juanito o Petato. De igual forma, ha sido un sitio de referencia para Hugo Candelario González, director de Bahía, o la irrupción de Yuri Buenaventura, que a instancias de Osmán, canta y demuestra que es un ídolo en Francia. También Marlin Murillo, de la orquesta Manglar, interpreta El Fantástico, que es el tema por el cual se le identifica.  Ismael Miranda filmó un video en una de sus últimas visitas. Alguna vez llevé a Henry Fiol. Dos personas muy jóvenes se acercaron, lo tocaron con un dedo como un fantasma y le preguntaron insistentemente: “Usted es Henry Fiol?”. En los últimos hemos visto a Alexis Lozano, uno de las leyendas vivas de la historia salsera de Cali.

 Zaperoco es la cita infaltable de los viernes, cada día más apretujados. Es la sabrosura de la melodía, la cueva del bembé, es el cuerpo de la nena linda que vibra como un tambor, un bombón de chocolate, un cuerpo lleno de erotismo como esa mujercita que se asume como el símbolo erótico del bar, que toca maracas, abre sus alas y se despliega como una mariposa. Es la posibilidad de rumbear para un nuevo tipo de mujer en la salsa, que no necesita compañía, que se comporta como un hombre, porque llega, baila, escoge, y decide lo que le da la gana.

Es más un sitio de encuentro, porque el baile es mejor en Las Brisas o en Siboney. Tiene fuerza y pone a vibrar a la gente. Es un Zaperoco con espacios diferentes, frente a la barra del bar, o la barra del disjockey o la pista de entrada o la pista central. Los más antiguos tratan de ubicarse mejor y mantener esta preferencia, como lo hace el combo de Hernando, o Fernando Valverde, el pariente costeño.  Los nuevos tienen que acondicionarse. Johanna y Mauricio, los propietarios,  han enriquecido la galería de fotos de salseros, con la visita de músicos y de los clientes más tradicionales, entre los cuales me cuento. En Zaperoco he podido desatar mi buen oído para tocar maracas.

Después de la rumba agitada de Cali, Zaperoco es un lugar tolerante, donde no se cae ni un vaso. Por la música que maneja no es visitado por traquetos jóvenes. Para quienes tuvimos experiencias hace algunos años en sitios tumultuosos o peligrosos, Zaperoco es ideal. Además me queda a cuarenta metros de mi apartamento,  esa es otra de las razones por la cual me gusta tanto.

Bailen, que aquí el que baila gana, es lo que dice Van Van de Cuba, es la convicción del bailador, que espera la oportunidad, única en la vida, para sacar a la pista a la mujer más linda de la noche. Por ella nacen la inspiración y la improvisación. El bravo de la baldosa.

Osman lo sabe: Es la hora del Pacífico, de Niche y Guayacán, de Van Van en las calles, es la hora de la alegría, donde todos alzan las manos y se abrazan. Es la rumba en todo su esplendor.

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